Al adentrarme en el mundo del
emprendimiento empecé a devorar toda la información que pude encontrar. Cuentas
de twitter, blogs y demás publicaciones de emprendedores, inversores,
aceleradoras, etc. Fue gracias a este afán casi maniático de mantenerme al día
con todas las noticias relacionadas con este mundillo lo que me hizo encontrar
un anuncio de convocatoria para un programa de aceleración de startups de
Microsoft y BarrabésNext en sus sedes de Sevilla, Mondragón y Mallorca.
Sinceramente, rellené la
solicitud sin ninguna esperanza de ser seleccionado, pero poco antes del inicio
del programa, cuando ya casi ni recordaba haber realizado la inscripción,
recibí un correo electrónico confirmando a SportChecked como una de las 20
empresas participantes.
Está claro que la noticia produjo
alegría y una cierta dosis de orgullo, pero sobre todo una sensación de miedo.
El participar en el programa suponía una gran oportunidad para aprender, para
crecer, para conocer gente y hacer algo de “networking”. Pero sobre todo
suponía tener que abandonar la comodidad de mi cueva, en la que llevaba
encerrado durante más de un año picando código, construyendo mi idea. Llegaba
el momento de mostrarse al mundo y enseñar las vergüenzas.
El programa constaba de una serie
de sesiones grupales y varias sesiones individuales con lo que denominaron un “facilitador”,
empleado de Microsoft o bien de BarrabésNext. En la primera sesión, la que yo
creía que tan solo iba a significar una presentación global del curso, ya nos
empezaron a introducir conceptos sobre el plan de negocio y la propuesta de
valor e incluso tuvimos que hacer unas primeras versiones de “bussines model
canvas” y “value proposition canvas”. Después de eso llegó el momento que más
temía. Nos dividieron en grupos de 5 y nos dieron un minuto a cada uno para
explicar nuestro “elevator pitch”. Hablar en público. La expresión oral. Mi
punto más débil.
Afortunadamente me tocó presentar
en último lugar. A medida que escuchaba las explicaciones de mis compañeros de
grupo, la poca confianza que aún conservaba fue decayendo poco a poco. Se
presentaron una compañía dedicada a los test de calidad en emplazamientos
turísticos y a la gestión automatizada de la información recogida, un diseñador
gráfico que realizaba video tutoriales en internet, un grupo que pretendía
montar un pequeño estudio de grabación y que además ofertaba el alquiler y
montaje de material para conciertos, un proveedor de internet para comunidades
de vecinos y unas chicas con una web de alquiler de juguetes educativos.
Después de cada presentación, mi idea parecía peor por momentos.
Y llegó mi turno: “SportChecked
es una red social centrada en el mundo del deporte en la que además de
seleccionar a quién seguir, podrás seleccionar qué deportes te interesan. Es
decir, podrás seleccionar de quién quieres recibir información, pero filtrando
qué tipo de información quieres recibir de cada uno de los usuarios a los que
sigues.” Creo que no lo hice mal del todo. Aprobado rascado.
Después de cada presentación
había un tiempo dedicado a realizar preguntas. Y fue en ese momento en el que
pude recuperar algo de mi confianza perdida. Parecía que la idea estaba clara,
incluso uno de los compañeros me ayudó a definir mi startup de un modo que yo
no había pensado, como una revista deportiva online personalizable. En ese
momento me di cuenta de lo importante que es salir de tu zulo y compartir tu
idea con otros, ya que los diferentes puntos de vista que puedas encontrar ayudan
a descubrir cosas que de otra manera hubieran pasado desapercibidas.
Primera lección: sal del zulo. No
estás desarrollando tu idea para ti mismo. Estás desarrollando algo para que
les guste a los demás. A cuantos más, mejor.

